viernes, 9 de mayo de 2008

Mango y el circo


La cadena quiere desmarcarse de competidores como Zara o H&M, subir un peldaño y darse aires de boutique parisiene. Hace ya unas temporadas que no cesa de sorprendernos con sus ideas y proyectos, ya sean sus fichajes estrella, los premios Botón con Valentino y Liz Hurley en el jurado, o sus desfiles con todo el elenco de celebridades locales, véase Mónica Cruz, Kiryl de Bulgaria, Naty Abascal, Marta Sánchez, Carla Royo-Villanova, Olivia de Borbón, Alejandra Prat, Nuria March, Claudia Ortiz Domecq y Manu Tenorio, entre muchos otros que soy incapaz de reconocer.

Para su último desfile escogió el Circo Raluy, un escenario ante todo peculiar, antiguo, de una atmósfera frágil y delicada, que al traspasarla, da la sensación de estar rompiendo cierto halo de magia sostenida. Una sensación que dura apenas tres segundos. ¡Pop! Como una pompa de jabón, tal ensoñación se desvanecía al instante por el griterío de encuentros y la siempre fastidiosa tarea de buscar el asiento correspondiente. Y tal encanto fue ya imposible de recuperar, porque un poco más tarde, empezó el goteo de famosas y famosos, con su cola de fotógrafos, cámaras de televisión y las entusiastas presentadoras micros en mano.

Y luego se apagaron las luces y empezó el desfile. Largo. Larguísimo. ¿Es necesario que sea tan largo? La colección que presentó contenía ciertos diseños muy cuidados, sin desentonar nunca de la tendencia ni arriesgar en exceso. Pero en fin, estamos hablando de Mango, no de Gareth Pugh. Creo que sería necesaria una criba, una selección de los best of the best, porque si no, el desfile se hace pesadísimo. Lo malo de la filosofía todo-lo-que-tengo-traigo es que lo bueno naufraga entre la multitud.

Fin del desfile. Después de cuatro, me sigo preguntando: ¿Cuál es el objetivo de celebrar desfiles? ¿Es notoriedad de marca? ¿Es un evento de relaciones públicas para tener contentos a amigos, colaboradores y prensa? ¿Son ganas de invitar a Naty Abascal?

Y mientras me pierdo en mis divagaciones... otra sorpresa: ¡¡Blondie en concierto!! Su música está en el último anuncio de perfume de Gucci y en la fiesta post-desfile de Mango. Y al oír Call Me! Callmecallme... recuerdo a un joven Richard Gere de gigoló vestido de Armani. Y ajena a los hits de esta estrella rubia que a sus 50 pasados conserva la frescura con la que sedujo en los 80 con su personal mezcla de pop + rebeldía + ironía, toda una multitud que parlotea con la copa de champagne frío en la mano. Por ahí, lo que queda del famoseo que ha sobrevivido al photo-call y que huye de las cámaras como gato que vuelca la olla, y el modelo Jon Kortajarena, atento y simpático con el plantel de admiradoras, parecía que hubiese sacado la caja de Filipinos.

Si es que para tal espectáculo, lo que mejor le iba a Mango era un circo.

Mango busca su lugar en el mundo y va tanteando posibilidades. El problema es la magnitud. Si se es una empresa pequeña, trazar y corregir estrategias es igual de complejo y caro, pero al menos, es más discreto. Para una empresa como Mango, que factura más de mil millones de euros al año, no sólo no pasa desapercibida, sino que es sujeto de estudio y, por supuesto, de crítica.

Mango está arriesgando en una especie de now-or-never. Se ha desprendido del complejo de pyme que parece atacar a todas las empresas de este país para actuar como una auténtica marca internacional de moda. Ficha a celebridades para sus campañas de publicidad y, desde hace unas temporadas, las utiliza para que le diseñen colecciones exclusivas y limitadas; abre tienda en el Soho neoyorkino en un edificio emblemático; realiza desfiles por todo lo grande con su elenco de celebridades locales (al mejor estilo Madrid); y se lanza con un premio de 300.000 euros (50 millones de las antiguas pesetas) apadrinado por Valentino. Por otro lado, lo intenta de nuevo con el hombre con la colección HE by MNG, tras haberlo abandonado a principios de los 90; y se sube al yate con los bañadores de Liz Hurley.

Y es que competiendo con Zara o H&M, Mango necesita ponerse las pilas. Si no puede igualar a sus competidores en cuota de mercado, al menos espera distinguirse de ellos con ciertas dosis de glamour.

1 comentario:

Sally McBeal dijo...

O sea, del desfile de Mango lo mejor fue Deborah Harry ¿no? jeje, como tiene que ser.