lunes, 11 de febrero de 2008

Dar la talla

Empieza la Pasarela Cibeles y, tal y como ha sucedido en las últimas ediciones, más que de trapitos, hablamos de tallas. Para calentar motores, el Ministerio de Sanidad y Consumo presenta su estudio antropométrico de la mujer española y nos divide en cilíndricas, diábolos y campanas; empiezan los desfiles y ya descartan a tres modelos inglesas por extrema delgadez; y por último, Ifema se desmarca y presenta el libro Moda y Gastronomía, el recetario de la pasarela, para conciliar dos mundos para nada incompatibles. La cuadratura del círculo: armonizar el diseño con los kilos con lo mejor de la cocina del país.

El objetivo del Ministerio de Sanidad a la hora de realizar este estudio es el de unificar de una vez por todas las tallas. Es decir, que las tallas sean siempre las mismas en todas las tiendas y que no nos obliguen a cargar con la M, L y XL de cada modelo en cada viaje que demos al probador. Para unificar, el primer paso era determinar las medidas de las mujeres españolas para buscar medias y establecer las que corresponderían a cada talla. Y esto es lo que nos da este estudio de Sanidad, que determina tres grupos de edad y, a cada uno de ellos, un tipo medio de mujer: cilíndrico para las más jovencitas, diábolo para las maduras y campana, para las mayores. Todo ello, a partir de la silueta que resulta de medir pecho, cintura y cadera.

La pregunta clave es qué aplicación práctica tiene este estudio. Si bien es útil para que diseñadores e industria se hagan una idea del tipo de mujer a la que visten, no creo que ponga fin a la problemática de las tallas ni mucho menos a la de los complejos que puedan derivarse. Los motivos son varios. En primer lugar, qué pasa con las marcas que no son españolas, ¿tendrán en cuenta estos patrones para el mercado español? Y qué ocurre con las marcas españolas con presencia en el extranjero, ¿impondrán al mundo la silueta de la mujer española? ¿Les saldrá a cuenta?

En segundo lugar. El estudio ofrece medias de pecho, cintura y cadera, pero ¿qué ocurre si el patronaje es extremo en hombros o muslos? En tercer lugar, ¿una mujer de silueta campana podrá vestir una prenda para chica cilindro? ¿La moda tiene edad? Más preguntas. ¿Ayudará la unificación de tallas a las adolescentes a sentirse bien con su cuerpo? ¿Obligará Sanidad a que las marcas que sólo hacen tallas pequeñas a que amplíen el escandallo? En fin... que creo que seguiremos haciéndonos un lío con las tallas y el día que nos sintamos depres entraremos en el H&M en busca de esa talla menos.

Y mientras trato de averiguar si soy cilíndrica o diabólica, me da por volver a calcular mi índice de masa corporal, como vengo haciendo desde hace año y medio, desde que Cibeles explicó lo que era. A estas pobres modelos les ha tocado pagar el pato en una cuestión social, la de la anorexia, que creo que depende más de la educación y de una alimentación equilibrada que de la moda. Soy de la opinión que la moda es a la anorexia lo mismo que el rock´n´roll a la adicción a las drogas y los videojuegos a la violencia.

La moda, como fenómeno aspiracional, propone modelos de belleza y de conducta inalcanzables. Cuánto más lo sean, más trapos, bolsos, potingues y perfumes compraremos. De este modo, cuando hay carestía, los modelos de belleza engordan, mientras que cuando hay exceso, como es el caso de una sociedad de consumo, éstos mismos modelos se ponen en los huesos. A ello se le suma el espíritu de contradicción de cada nueva generación: que en los 80 se llevaba el culto al cuerpo... en los 90, el yonki chic... y con el nuevo milenio, Beyoncé.

Los diseñadores, por su parte, las prefieren delgaditas por una razón práctica: porque en un desfile sólo se lleva un muestrario y todas las modelos tienen que caber en las prendas... ¡de la 36! Y no se valen costuras tirantes ni botones a punto de estallar. Y siempre es más fácil improvisar una pinza en un pantalón que optar por un tijeretazo en la cintura.

Y a todo esto, ¿para qué sirve lo del índice de la masa corporal si las modelos siguen tan flacas? Creo que el revuelo sólo beneficia a la Pasarela Cibeles, cuyo nombre da tres vueltas al planeta cada vez que deja una modelo sin desfilar porque está demasiado delgada. En cambio, hace flaco favor a sus protagonistas, los pobres diseñadores, de quienes sólo se acuerda la prensa nacional.

Y para que no nos agobiemos con tallas y básculas, Ifema aprovecha todo este viento a favor para presentar el libro Moda y Gastronomía y demostrarnos que no sólo no están reñidas, sino que se complementan. De hecho son dos universos creativos igual de efímeros, que exigen de espíritus exquisitos y cultivados, dispuestos a vaciar sus bolsillos por intangibles que exciten por igual su mente y sus sentidos. Hablamos de la moda que va más allá de las tallas, de los estándares y de los índices de las masas corporales; y ésta es la comida que poco tiene que ver con los kilos de más y las grasas saturadas. Es una buena manera de aprender lo que significa la moda y los valores de los alimentos.

1 comentario:

Sally McBeal dijo...

¡Grande, Cucurusa!