miércoles, 23 de julio de 2008

Copy & Paste


Hace unos años, el FAD (Fomento de las Artes Decorativas) montó en Barcelona una exposición que reflexionaba sobre la cuestión de los parecidos razonables. Se llamaba Cocos y trataba de sacar algo en claro de todo el embrollo lingüístico-conceptual alrededor de piratería-copia-inspiración-casualidad con ejemplos muy ilustrativos tomados de diferentes ámbitos, desde la moda a la decoración, la ilustración, la publicidad, etc. No entraba en cuestiones morales, ni demonizaba ni ensalzaba, simplemente mostraba cómo todos vivimos en el mismo mundo y consumimos similares sensaciones, imágenes, frases sueltas... que acabamos haciendo nuestras, digerimos y volvemos a soltar. Vendría a ser la transformación de la materia, pero en este caso, la gris.

En fin, todo esto viene por el rifirrafe de estos días entre Custo Barcelona y Desigual. Estaba Custodio Dalmau en Miami haciendo desfilar su colección de bañadores y se descuelga amenazando con denunciar a Desigual, al que acusa de copia reiterada, no sólo de sus productos (entendemos prendas) sino también de la marca en sí. Hay que tener valor, paciencia y recursos para emprender tal empresa, aunque venga recomendada por el bufete de abogados Cuatrecasas, la-creme-de-la-creme de Barcelona, y esté repleto de optimismo tras una reciente victoria contra la piratería en China.

Como estas acusaciones no se sueltan así como así ni de hoy para mañana, entendemos que Custo tiene material suficiente para emprenderla contra Desigual y hace pensar en que el chico de Lleida debió de ir dando toques a la cadena de No es lo mismo hasta hartarse. Del modo como acostumbra a presentarse Custo, ex-campeón de gimnasia aficionado al kitesurf, calzado siempre con jeans desgastados y camisa puesta así de cualquier manera, que aparece al final del desfile alzando la mano como diciendo “Ei, quedamos ahora para unas cañas!”, pues no lo veo como un tiburón de los negocios, a pesar de que esto del business es el business.

Pero por otra parte, también me parece raro que Desigual copie a Custo. La marca del buen rollito, la que llama a la gente a acudir desnuda a su tienda en el Paseo de Gracia de Barcelona para vestirla gratis de arriba abajo, pues tampoco me da la impresión que precise de los diseños de Custo. Además, Desigual cuenta con José Castro como director creativo, el mismo José Castro que desfila en París y que acaba de ser nombrado miembro de la Federación Francesa de la Costura, donde están los the-very-best. Tampoco es que vayan faltos de ideas, talento y creatividad. ¿Necesita Desigual copiar a Custo?

¿Y qué es lo que se entiende por copia? Acusar a alguien de esto es meterse en un jardín. En China, Custo lo tuvo más fácil. Primero, porque ahora los chinos han dado un giro de 180º a su estrategia económica, quieren dejar de ser la fábrica low cost del mundo y sobre todo dejar de ser el paraíso de las copias y las falsificaciones. Así que el gobierno se ha puesto duro con estas prácticas ilegales. Y segundo, porque los chinos que lo pirateaban tenían el detalle, no sólo de calcar los modelos y las ilustraciones, sino también de acompañarlos con el nombre de la marca. Más claro el agua.

A ver qué sucede con Desigual, porque es dificilísimo demostrar la copia. La frontera entre inspiración y copia es tan difusa... Ambas son marcas dadas al colorín y a los estampados hipnotizantes, de si-no-me-ves-es-que-estás-ciego, tomados del movimiento op art. Últimamente, como la tendencia dicta gamas de grises y tonos oscuros y permite sólo algún color vibrante en monocromía, pues ambas han bajado la intensidad en sus diseños... Custo incluso se ha sofisticado, con construcciones más complejas, en base a texturas y efectos de superficie, lo que dificulta muchísimo la copia.

En fin, ambas viven en el mismo mundo, trabajan con las mismas tendencias y tienen un mensaje de vive-la-vida muy similar. Uf! Es normal que salgan cosas parecidas. Se tendrá ahora que decidir si copia equivale a calco o inspiración y determinar los límites del parecido sospechoso. En definitiva: buscar las siete diferencias y discernir sobre la intencionalidad en el parecido.

Me sorprendió la acusación de Custo. Es seria y grave. Lo más habitual cuando suceden estas cosas (cuando las casas de lujo francesas e italianas se tiran de los pelos cada vez que Zara cambia el escaparate) es no hacer demasiado caso. De hecho, sólo se emprenden acciones legales cuando la copia alcanza el grado de piratería y hay alguien que vende un modelo parecido con el nombre original. La moda pronta, véase Zara, H&M o Desigual, que en el siglo XXI se presenta en versión compleja y avanzada, tiene una rotación constante y mientras aquél que sospecha una presunta copia llama al abogado, tramita la denuncia y espera a que se admita a trámite, quién sabe dónde anda ya aquella pieza que parecía idéntica.

martes, 22 de julio de 2008

Fashion weeks made in Spain


La semana pasada, Generalitat de Catalunya primero, gobierno de la Comunidad de Madrid después, presentaron sus proyectos de promoción de la moda catalana, por un lado, y española, por el otro, así como sus intenciones de poner en el mapa mundial del glamour los nombres de Barcelona y Madrid como destinos turísticos de vanguardia, tendencias y demás. Todo esto tiene unos nombres participantes, los de los diseñadores, y unos costes considerables, la mayor parte de los cuales los cubren las arcas públicas, tan generosas siempre en estas cuestiones de los intangibles y el aura mágica que los rodea.

El gobierno catalán insiste en su 080 Barcelona Fashion, que llega a la tercera edición si contamos aquella convocatoria cero cuyo proyecto quedó en agua de borrajas por cuestiones, como no, de politiqueo y el clásico te-ajunto-no-te-ajunto. Pero en fin, olvidemos el pasado y vamos a lo que vamos: convertir Barcelona en el epicentro europeo del talento en diseño de moda. Aquí se habla de diseñadores independientes y emergentes, de aquellos que bastante trabajo tienen en asomar la cabecita en este mundillo de locos que es la moda.

Esta edición, que se celebrará del 3 al 5 de septiembre en el pabellón 8 de Fira de Barcelona, pone a desfilar a 15 diseñadores y presenta en showroom a todos ellos y 15 más. El plato fuerte de esta pasarela de nombres desconocidos para la mayor parte de los mortales es Estrella Archs, también desconocida, no nos engañemos, pero avalada, al menos, por su trabajo como directora creativa en Cacharel. También se traen un trío de extranjeros, uno de los cuales todavía está pendiente del resultado de un premio, que vienen a dar el apunte internacional para disimular un poco la barretina y que no se note tanto que esto lo organiza ERC, que es la que está detrás del departamento de Universidad y Empresa, que es el que maneja este cotarro.

Todo esto cuesta 1,5 millones de euros (que incluyen también la expo de Miriam Ocáriz en el Palacio Dalmasses sobre su proceso creativo y alguna charla que otra), de los cuales las 2/3 partes salen del bolsillo de los contribuyentes catalanes.

Mientras tanto en Madrid quieren poner en órbita de una vez por todas Cibeles, que si no se dan prisa se queda como pasarela regional de tercera, visto como suben las de Sao Paulo, Berlín o Shanghai. Si se quiere estar en primera división hay que apostar con fuerza, no se valen inversiones de media tinta con las que no tenemos ni para echar la primera mano. Aquí no vale ir de farol.

Entonces convocan una rueda de prensa híper institucional, en la que el aire se palpa, se corta y casi puede hincársele el diente, para presentar una cosa seria de verdad: chachán chachán... la nueva Cibeles Madrid Fashion Week. Toma ya. La bandera de la moda española, una vez fuera de juego Barcelona al desaparecer la pasarela Gaudí, la ondea con orgullo Madrid.

Los planes para septiembre, del 15 al 19, pasan por montar dos pasarelas en el pabellón 14 del recinto ferial de Ifema, una que se llama Cibeles y otra Neptuno. De fuente a fuente y tiro porque me toca. En una, según el criterio serio, riguroso y sopesado de los representantes institucionales de la organización, los clásicos básicos (véase Devota&Lomba, Victorio&Lucchino y demás) y, en la otra, lo raro y modernillo (Miriam Ocáriz, Ágatha, Duyos o Arzuaga). La versión oficial sobre la distribución es que cada uno eligió donde desfilar, pero lo cierto es que Cibeles concentra el núcleo duro de la Asociación de Creadores, que son los que reciben las subvenciones públicas, parten, reparten y se quedan con la mejor parte. Pero ya veremos que tal va la fórmula...

La principal novedad es que se suman a la nueva pasarela aquellos desarrapaos de El Ego, la iniciativa que puso en marcha Ifema con dinero de la Comunidad de Madrid para los jóvenes creadores y con la que la capital respondía al auge de Circuit en Barcelona. Ahora los de El Ego abandonan la Sala Alcalá, que les había acogido desde sus inicios, se marchan a la feria y se incorporan al programa de la fashion week, donde estarán el último día, el viernes, simultaneándose entre Cibeles y Neptuno.

Dejando a un lado que siguen los de siempre, algunos de los cuales la prensa pide la cabeza porque ni aportan nada ni venden una falda, y que por el camino perdimos a Anke Schloder, estos cambios han servido para abrir las las puertas a muchos diseñadores para entrar en esta pasarela hasta hace muy poco cerrada a cal y a canto. Claro que también se ha aumentado el presupuesto (hay más bocas que alimentar, cierto es). En total: 3 millones de eurazos, 2/3 partes de los cuales (algo más si no sale un patrocinador de última hora) los pone el gobierno de Esperanza Aguirre.

Las anécdotas de las ruedas de prensa

En la del 080 Barcelona Fashion apareció en solitario Emili Valdero, el secretario de Comercio y Turismo, órgano que depende de manera directa del departemento de Universidad y Empresa, que es el que suelta la mosca. En Cataluña, en cuestiones de moda, es Valdero el que corta el bacalao. Citados todos en el pabellón Mies van der Rohe, para recordarnos lo que en su día fue Barcelona como referente de vanguardia cuando en aquel 1929 organizó la Expo, el escenario parecía el de Dónde estás corazón, pero con treinta periodistas más.

Lo acribillamos a preguntas, pero sin duda, las más buenas fueron las de dos periodistas franceses que trataban de descifrar el porqué de todo el percal. Su desconocimiento de la causa, de las aspiraciones políticas que hay detrás de esta pasarela y de las rencillas Barcelona-Madrid, provocaron las siguientes preguntas: “Si la industria de la moda en España está en Galicia, ¿por qué se realiza esta pasarela en Cataluña?” A la que siguió: “Para que despierte mayor interés entre la prensa internacional, ¿por qué no se invita a un diseñador conocido en el extranjero, como Adolfo Domínguez?” Uf! Vaya dos golpes bajos.

En Madrid, los cargos políticos asentados en Ifema no fueron tan ingenuos. En primer lugar, salieron al ruedo cuatro políticos: dos de Ifema, una de la Comunidad de Madrid y otro del Ayuntamiento (el PP en todo su esplendor), acompañados de Cuca Solana (la directora de Cibeles, desde que Cibeles existe) y Modesto Lomba, el presidente de los Creadores (aquellos que parten y reparten). Ante tanta solemnidad, los periodistas quedamos acojonados, parecía aquello un acto político, como si nos fueran a presentar el plan de conquista del espacio exterior.

Sólo unas cuantas preguntas, a media voz. La guinda: “¿Es cierto que se paga a algunos diseñadores de Cibeles por desfilar?” Modesto: “Bien... ¿No subvencionó también el gobierno francés a Yves Saint Laurent?” (Ejem, entre nosotros Modesto: casi que no es lo mismo...) Y la periodista insiste: “¿Podríamos saber cuánto?” Modesto con voz temblorosa: “Pues no sabría decirle exactamente... Claro que si le interesa, me da su e-mail y se lo envío” ¡Te lo damos todos! ¿Cómo puede ser que no sepa lo que le va a pagar la Comunidad de Madrid para realizar el muestrario? Si lo ingresa dos veces al año... religiosamente...

Y tanta fashion week, ¿para qué sirve?

La de Barcelona se enmarca en la estrategia del conseller Josep Huguet, el que está al frente del departamento de Universidad y Empresa de la Generalitat de Cataluña, que consiste en fomentar el talento como inversión para una industria de futuro asentada sobre el valor añadido. Una estrategia que desarrolla tanto en moda, industria histórica en Cataluña, como en otros ámbitos económicos.

En moda en concreto, la 080 Barcelona Fashion está dentro de un proyecto mucho más amplio que se llama Plan de Dinamización de la Moda Catalana, uno de cuyos objetivos es fomentar la creatividad y el diseño en una industria textil y de la confección que no puede competir con Asia. Para ello, trata de acercar el talento a las empresas que operan en este sector a través de iniciativas como el Bressol (cuna en castellano), una incubadora que da a los diseñadores recién graduados las pautas para desarrollar su propia empresa, o Physic, una sociedad público-privada que pone en contacto diseñadores con proveedores. Además, apoya a las empresas ya consolidadas en su labor de internacionalización, tanto de promoción en ferias y desfiles en el extranjero, como de aterrizaje en otros mercados, con la apertura de tiendas.

La pasarela vendría a ser el acontecimiento más visible de todo este plan. Y de paso, poner el nombre de Barcelona al lado de valores como diseño, vanguardia, creatividad, talento, etc etc. De hecho, la ciudad del design lo es en todo menos en moda.

También éste es uno de los principales objetivos de Madrid, que sigue peleando por no perder el tren de la innovación y la creatividad, de resaca todavía tras la Movida. Cibeles sólo es ambiciosa en este sentido, pero no en el de fomentar la industria de la moda en el país. ¿Alguien puede decirme dónde venden Larrainzar y compañía? Un-dos-tres-responda-otra-vez: En su tienda... tic tac tic tac. ¿En el El Corte Inglés...? Otra pregunta: ¿Ágatha Ruiz de la Prada vende algo más que estuches, toallas y ropita de bebé? Pregunte a su vecino si conoce a Devota&Lomba. Además de Ana Botella, la mujer del ex presidente del gobierno José María Aznar, ¿compra alguien algo de Roberto Torretta?

En definitiva y resumiendo que esto se alarga: ¿A alguien le interesa la moda española? (No se vale decir Zara... ni Adolfo Domínguez).

jueves, 3 de julio de 2008

De Woodstock al Bread & Butter

Ha vuelto. El salón más guarreras cool vuelve a la ciudad. Al entrar en el Bread & Butter uno tiene la sensación de entrar en el FIB o en cualquier otro festival rocanrrolero de verano que se estilan en España. Nada más llegar, me han pedido el DNI (bien, esto me ha transportado a mi adolescencia en la puerta de una discoteca). Más adelante me han colocado una pulserita, que me acompañará a la ducha y a la cama los próximos días.

Una vez dentro, bermudas, camisas por fuera, zapatillas deportivas y sombrerito; vestiditos playeros y chanclas; tejanos rotos y t-shirts deshilachadas y desgastadas; shorts y chalecos. Ah! Y las gafas de sol! Resistir el calor sofocante, húmedo y pegajoso de Barcelona es duro. Llegados al Luna Park, un stand enoooooooorme de Wrangler da la bienvenida con la música a toda castaña. De tejanos no hay ninguno, pero sí han habilitado una barra larguíiiiiisima donde calmar la sed. De todos modos, Moritz tiene un stand donde no niega a ningún náufrago una cervecita bien fresquita.

Este año no hay piscina. Según la organización, por problemas de espacio. Hay menos expositores, pero los que hay piden más metros cuadrados para montar su historia. Lo que sí hay es arena, pero no es lo mismo.... Y a la hora de comer, ¿qué tal un pollo asado? ¿O mejor aún: una paella? Lo mejor, las mesas, que recuerdan a las de las áreas de descanso de las autopistas o las del cámping. Para los que tienen más recursos, y mejor paladar, los del Bread & Butter han traído un súper chef alemán que se dedica al sushi. G-Star nos invitó a una barbacoa.

De hecho, la inauguración de esta edición lo dice todo acerca de este ambiente festivalero que trato de narrar. Eso sí, festivalero pijo, que las bermudas de las que he hablado antes no son precisamente del Pull & Bear. Pues bien, sobre el escenario, The Hives, que sonaron de maravilla y, para darles la bienvenida, explosiones, luces y demás. El público, unos 2.000 invitados, todos ellos del mundillo fashion, estuvo totalmente entregado, como si estuviese viendo a los Rolling Stones. Ni desfiles, ni modelos, ni tortas. Esto es el Bread & Butter, esto es la moda urbana.

Por la noche más, of course, pero más rollo Ibiza. La gente se peina, se zurce el tejano, se coloca la camisa por dentro y se va de fiesta. Las chicas cambian el vestido playero y los shorts por otros, que vienen a ser lo mismo, pero con Swarovski. Todo para ver a Colcci, J.Lo, Custo o Puma.

En definitiva, en el Bread & Butter, se está o no está. Todavía hay muchos que no entienden esta feria y algunos que no creen en ella. Aquí se trata de pasarlo bien y conocer gente, que es lo mismo a lo que se aspira cuando uno se va de summerfestival, eso sí, con la diferencia de que está todo el mundo fashion y puede resultar que, hablando con el uno y hablando con el otro, uno consiga un contacto que más adelante se materialice en una colaboración y después en un nosequé y de una cosa saltamos a otra, se coincide con nosequién que propone algo... y así hasta que se quiera hacer durar.

Se vende imagen, nada más. Pero es el valor que la gente le de a esa imagen lo que les moverá más tarde a comprar y a gastar. No nos engañemos, el rollo puede ser muy tirao, pero el business es el business. Casi 900 marcas de primera línea y más de 90.000 visitantes no pueden estar tan equivocados.

Retrospectivas de lo que fue...

El prêt-à-porter está muerto. Plas! Así de contundente, para que se entere el que vive en la parra y vaya tomando conciencia aquel que no se quiera enterar. Ya son muchas las marcas y los diseñadores que trabajan a partir de otras fórmulas (más comerciales, vacuas o conceptuales) para sobrevivir en tiempos de incertidumbre. Pero en aguas revueltas, pesca quien menos se lo espera; en momentos de crisis (o de cambios, según se vea), son tantos los retos como las oportunidades.

Unas cuantas exposiciones confirman que ya podemos ir enterrando el cadáver del prêt-à-porter. Esto no implica que desaparezca de nuestras vidas. La alta costura hace tiempo que la pasean dos veces al año cuál virgen del Rocío, sólo para cuatro devotos con la cartera llena y amantes de las piezas místicas y museísticas. Pero sí implica que estamos en una nueva era de la industrialización de la costura, en la que se puso fin a las dos temporadas, en la que el precio es orientativo-subjetivo y no real, en que prima el imaginario de la marca antes que la calidad o el diseño, en que es más importante tener una buena red de tiendas que un buen creativo, que da igual dónde produzcas, etc.

En fin, todo esto coincide con el anuncio de la retirada de Valentino, al que estos días el Museo de las Artes Decorativas de París le dedica una retrospectiva. Valentino Garavani, nacido en un pueblecito al sur de Milán, fue un enamorado de París, donde estudió, hizo sus pinitos por los ateliers de Jean Dessès y Guy Laroche, y presentó sus colecciones de alta costura y, más tarde, de prêt-à-porter, en el mismo momento en que la moda italiana adquiría gran proyección internacional y Milán se erigía como nuevo epicentro mundial de la moda. París le debía a Valentino un gesto de agradecimiento.

Si tenemos que recordar a Valentino por algo será como exponente de la elegancia y la gracia atemporal. Él no fue, ni pretendió nunca serlo, un innovador. Su objetivo fue embellecer a la mujer, haciéndola sentir una reina etrusca, una princesa de cuento o una diosa romana, siempre eso sí, buscando el equilibrio entre la exuberancia, la sobriedad y la sencillez, y cediendo el protagonismo al tejido, a su fluidez o rigidez, su textura y su ligereza. Supo solucionar la ecuación de romanticismo, modernidad y clasicismo.

En los 60, con el boom de la moda italiana, aterrizó en Hollywood, donde vistió a las divas de la época: Elisabeth Taylor, Rita Hayworth o Audrey Hepburn. Su éxito en Estados Unidos llegó a la cúspide con Jaqueline Kennedy, a quien vistió de novia en su boda con Aristóteles Onasis y, a raíz de este vestido, desarrolló una colección sólo en blanco, que lo encumbró como símbolo del lujo moderno.

El adiós de Valentino (tras vender el grupo, con Hugo Boss en cartera, a la inversora británica Permira y dejarlo todo atado y bien atado para la jubilación) y su retrospectiva parisina ha coincidido con la muerte de Yves Saint Laurent hace un mes. Hacía tiempo que el diseñador francés estaba alejado de las pasarelas y, mucho tiempo más desde que dejara su línea de prêt-à-porter para dedicarse sólo a la alta costura, como buen nostálgico de una época que sabe que no volverá. Estos días el Museo del Traje de Madrid le dedica un pequeño homenaje en el vestíbulo para recordar quién fue y qué hizo.

También en el Museo del Traje (ahora que debe poner toda la carne en el asador porque le cierran las puertas por una cuestión más política que científica, pero esto es harina de otro costal) este verano puede verse una retrospectiva de Edward Steichen, quien durante 15 años, entre 1923 y 1937, fuera jefe de fotografía de la editorial Condé Nast y llevara a los más famosos modistos de la época a las portadas de Vogue y Vanity Fair, además de dedicarse a inmortalizar los rostros de Coco Chanel, Fred Astaire, Gary Cooper o Greta Garbo, entre muchos otros.

La exposición de Steichen invita a recuperar pedazos de una época, de un lujo y de unos símbolos irrepetibles, donde el glamour era el resultado de belleza, elegancia y carácter y no la suma de pedigree, morbo y drogas duras de las pititas chipirifláuticas hijasde que hoy pululan por ahí con cara de zombie con resaca. Sin duda, era otro estilo.

A otro fotógrafo que estos días se le dedica una retrospectiva es a Richard Avedon en el Jeu de Paume de París. Es la primera que se realiza de este artista estadounidense capaz de inmortalizar un vestido de Christian Dior entre dos elefantes y de hacerlo con una clase, profundidad y estilo imposible de narrar. También fue el único en mostrar la Marilyn Monroe más humana.

Su gran aportación a la fotografía de moda de las revistas, en este caso Vogue, fue brindarle naturalidad, no sólo dando movimiento a la modelo sino además ambientando su puesta en escena. De este modo, la ropa adquiría cuerpo y función y multiplicaba su significado, al mismo tiempo que la acercaba a la lectora con muchos más elementos para construir historias y relatos con los que motivar su imaginación. Precisamente Edward Steichen fue un referente de un joven Avedon que hojeaba las páginas de las revistas de moda que encontraba por su casa.

Otros que están de retrospectiva, aunque menos pretenciosa, son los Viktor & Rolf, quienes repasan sus 15 años de trayectoria en la galería Barbican de Londres. Este tándem holandés que forman Viktor Horsting y Rolf Snoren es actual y es joven y, además, está abriendo camino, entonces ¿por qué una retrospectiva? ¿Y por qué encajarlos en este artículo de rememberwhen? Porque en su discurso reivindicativo se esfuerzan en denunciar la vacuidad del negocio de la moda de hoy.

A Viktor & Rolf les molesta sobremanera observar cómo su trabajo es sometido a los vaivenes tormentosos de una industria voraz porque su punto de partida es ante todo artístico. Para ellos, la ropa no es sino un medio sobre el que expresar sus inquietudes, ven la moda como un arte que debe trascender a lo efímero. La suya es una relación de amor-odio con la industria y con todo el sistema que rige la moda, en especial con los medios de comunicación y su star system.

Uno de los puntos fuertes de esta exposición es una casa de muñecas, con pequeñas recreaciones de sus trajes. El montaje consiste en recrear aquellas casitas que se hacían por allá el siglo XIX y que casas como Chanel o Balenciaga utilizaron para promocionar la moda después de la Segunda Guerra Mundial. En el fondo de cada una de las habitaciones, una pantalla gigante proyecta el vídeo del desfile con las prendas originales. Una mirada poética y nostálgica, pero también una crítica hacia el mundo de la moda actual, del todo irreal.

Por último, un apunte nacional. Hace unos tres años, en Madrid y Barcelona pudo verse una retrospectiva de Pertegaz, a quien el vestido de novia de Letizia Ortiz le puso de nuevo en órbita. Él continúa hoy todavía vistiendo a sus señoras de la aristocracia y la alta burguesía, alejado del mundo terrenal y con pocas pretensiones en el negocio.

El año pasado, fue el turno de Roberto Verino, quien trata de impulsar un modelo de negocio que encaje diseño, industria y márketing, parecido al de las marcas italianas, pero salvando las distancias, claro. Y dentro de poco tendremos la de Elio Berhanyer. Toda una institución a descubrir.

lunes, 2 de junio de 2008

Au revoir, Yves


El anuncio de la muerte de Yves Saint Laurent confieso que me ha conmocionado. Es cierto que se sabía que padecía una dura enfermedad y que siempre, a lo largo de toda su vida, su salud fue frágil y quebradiza. Pero también es cierto que a la muerte, nunca la esperas.

Su socio y amante, Pierre Bergé fue el que anunció anoche el fallecimiento del modisto a causa de un tumor cerebral. Estaban con él, el mismo Bergé y su amiga y musa Betty Catroux. La actriz Catherine Deneuve llegó diez minutos después. Esta tarde se ha anunciado que el funeral se celebrará el jueves a las tres y media de la tarde en la iglesia Saint Roch, en la Rue Saint Honoré. Después su cuerpo será incinerado y sus cenizas permanecerán en el jardín Majorelle, en Marrakech.

Desde su primera colección en solitario, cuando apenas contaba 24 años, terminaba el servicio militar y no reanudaba su labor en la maison Dior, su nombre fue encumbrado por la prensa que ya lo situó en el Olimpo de los grandes, junto a Coco Chanel, Cristóbal Balenciaga y Christian Dior. Sin duda, aquel joven francés de origen argelino que llegó a París con 17 años y descubrió el mismo Dior un año después, tendría que dar mucho que hablar.

Sólo queda agradecerle todo lo que hizo, empezando por la línea Trapecio (todavía dentro de la maison Dior) y acabando por el smokin femenino, sello de la casa. Por el camino, el traje pantalón femenino, el vestido de musolina transparente y la chaqueta safari. Fue el primero en subir el tejano a la pasarela y en dar categoría de costura la ropa de la calle. También abrió la brecha de la tendencia étnica con sus creaciones de inspiración africana, marroquí o china, que alcanzaron su cota máxima con la que le inspiraron los ballets rusos, toda una explosión de fantasía.

También fue pionero en el prêt-à-porter de lujo. De hecho, de la apertura de su primera tienda Rive Gauche en 1966, los periódicos de la época se hicieron eco de la locura que desató: sus puertas permanecieron abiertas hasta medianoche por la afluencia de clientas que no querían irse sin uno de sus trajes que había puesto a la venta por 60 dólares (¡de la época!).

Decía ayer Pierre Bergé al dar a conocer la muerte del modisto que “Chanel dio libertad a las mujeres. Yves Saint Laurent les dio poder. Abandonó el territorio de la estética para penetrar en lo social”. Fue a raíz de las manifestaciones estudiantiles del 68 que crea el traje chaqueta con pantalón, intuyendo un giro en la liberación de la mujer de acento feminista. Aquel mismo año, cuando la minifalda causa furor entre la población, él lanza un largo por debajo de la rodilla, un tope que desde el New Look de Dior no se había vuelto a rebasar. Más tarde embellecería el cuerpo de la mujer envolviéndolo del efecto nebuloso de la muselina para asistir a la revolución sexual de la mujer.

Pero no sólo siguió de cerca los cambios en la manera de pensar, sentir y vivir de la mujer. En 1971 puso los pelos de punta a la sociedad francesa al posar completamente desnudo para el anuncio de su fragancia masculina. ¿Por qué no? Una imagen que más tarde utilizaría Tom Ford, con el que ¡ay! no se llevaba muy bien...

Sus épocas doradas fueron los sesenta y los setenta. En los ochenta vino su primer gran reconocimiento, una retrospectiva en el Metropolitan de Nueva York coincidiendo con el 25 aniversario de su trayectoria. Era el primer modisto vivo al que se le dedicaba una exposición de estas características. También fue la década de control de la empresa, tras una fuertísima expansión en los 70, no sólo en el lanzamiento de nuevas líneas (fragancias, colección de hombre, textil hogar), sino también en la apertura de más de un centenar de tiendas.

Y en los 90 vinieron los problemas por el control. Fue la primera empresa de moda francesa en cotizar en bolsa. A finales de la década, la marca YSL se vendió al grupo Gucci, recién relanzado por el tándem Dominico De Sole-Tom Ford. El modisto francés, ya con una salud delicada, cede el relevo a un joven Alber Elbaz que apunta maneras, quien tras tres temporadas se verá relegado del cargo por un ambicioso Tom Ford, que toma las riendas de la colección de prêt-à-porter. Las disputas por el control de la casa se suceden, hasta el punto que ni Saint Laurent ni Tom Ford esconden su enemistad.

Al final, Bergé-Saint Laurent se quedan con la alta costura; De Sole-Ford, con el negocio de las fragancias y el prêt-à-porter. La incomunicación es tal que bajo las siglas YSL se presentan cada temporada dos líneas completamente distintas. Será hasta 2002, cuando el diseñador francés anuncia su última colección de alta costura.

Desde los 90, se volcó en la Fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent, ubicada en la sede de la que fuera su maison, en el barrio de Saint Germain. Sus fondos, no sólo dan pie a una exposición permanente, sino que sirven para la gestión de otras muestran que dan vueltas por el planeta. Ejemplo de ello es la que hasta finales de abril recaló en A Coruña y que establecía el vínculo entre el modisto y el arte, del que era gran aficionado. Entre sus pasiones, además de los grandes artistas, se cuenta la ópera, el teatro y la danza, para los que diseñó vestuarios, así como la literatura y, en su mesita de noche, el indispensable En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

El Rey de la Moda, en cinco minutos

Para neófitos en el tema, un repaso rápido a porqué Yves Saint Laurent merece la atención que se le está dedicando. Nació el 1 de agosto de 1936 en Orán (Argelia), en el seno de una familia acomodada. Ya de niño, apuntaba maneras y jugaba con sus hermanas a recortar vestidos para las muñecas. A los 12 años organizó su primer desfile en el que sus mismas hermanas hacían el papel de clientas. Se educó en el Liceo de Orán y a los 17 años ganó el primer premio de un concurso de diseño con el dibujo de un vestido negro de cóctel.

Quiso estudiar arte en París, donde aterrizó con apenas 17 y entabló amistad con el entonces editor de la edición francesa de Vogue, quien le publicó sus ilustraciones y, más tarde, le animó a presentarse al concurso de diseño en el que tropezaría con Christian Dior, uno de los miembros del jurado. El maestro olisqueó el talento y no lo dejó escapar. Con 18 años, Yves Saint Laurent se convertía en el asistente de Dior. En 1957, con la muerte del maestro, le sucedería y tomaría las riendas de la dirección creativa de la maison. Sus primeras colecciones generaron tal éxito que la prensa no dudó en afirmar que era el sucesor natural de Christian Dior.

Pero empezó a desarrollar su propia visión de la moda, a perfilar su propio estilo, que se alejaba del espíritu Dior. Fue entonces cuando el ejército francés lo llamó a filas para cumplir con el servicio militar y en su puesto lo substituyó el diseñador inglés Marc Bohan, quien hacía unos años había recalado en la maison como número dos. Bohan conseguía encauzar de nuevo el estilo del maestro, que con las últimas colecciones de Saint Laurent había quedado algo diluido, y la casa decidía otorgarle la dirección creativa.

El paso de Saint Laurent por el ejército no le fue provechosa en ninguno de los sentidos. A los pocos meses, fue ingresado en el hospital militar. Es entonces cuando se estrecha su relación con Pierre Bergé, un amigo de la infancia que viene a París para ser artista, pero que se acaba convirtiendo en un destacado marchante de arte y en un importante hombre de negocios.

Tras licenciarse, puso un pleito contra la casa Dior, donde Bohan había ocupado su puesta. Lo ganó y la maison se vio obligada a indemnizarle. Con este dinero empezó el imperio YSL. En 1962 presentó su primera colección, con la que arrasó. En 1963 introdujo el arte abstracto a la moda; en 1966, el pop; visitó a la mujer de smoking y convirtió al pantalón en prenda femenina de fiesta; revolucionó con la blusa transparente; lanzó los bucaneros y las bermudas; en los 70, el blazer y la espalda descubierta; introdujo la estética oriental y folk.

En 1966 lanzaba además su primera línea de prêt-à-porter, al margen de la costura. Más tarde impulsó las licencias y entró en el negocio de la perfumería y la cosmética. En 1970 lanzó su primera colección masculina. Por aquellos años, se decía que YSL facturaba más que Renault. Sin embargo, en 1971 su colección Estilo 40 recibió tales desaprobaciones que decidió cerrar por un par de años. Volvió a las pasarelas en 1974 con vestidos estilo Segundo Imperio, que le valieron el calificativo de Rey de la Moda por parte de la revista Time.

Ya en los 80, llegaron las retrospectivas. A la de Nueva York, le siguió la del Museo de Bellas Artes de Pekín y la del Museo de las Artes Decorativas de París. En 1986, Yves Saint Laurent empleaba a más de 10.000 personas en 200 países y facturaba 3.000 millones de francos al año. Era también la única empresa de moda francesa que cotizaba en bolsa. En 1993, la casa anunciaba su fusión con la empresa pública Sanofi (filial de la petrolera Elf).

En 1994, LVMH, que ya se había hecho con otras siete grandes casas de moda y perfumería francesas, adquirió por 5.000 millones de francos (910 millones de dólares) la marca YSL. Un año después, Gucci compraba el grupo Sanofi Beuté, propietario de YSL, por 1.000 millones de dólares.

El 11 de septiembre de 1996, Yves Saint Laurent anunció su retirada de la pasarela de prêt-à-porter de París y su dedicación a la alta costura. La versión oficial fue su frágil salud; los rumores acusaban a la tensa relación con la dirección de Gucci. El 7 de enero de 2002, anunció su retirada definitiva de las pasarelas.

martes, 20 de mayo de 2008

La ética de la moda


La marca de íntimo masculino que lleva el nombre del tenista Björn Borg ha llenado las puertas de la Casa Blanca de calzoncillos usados en un acto de denuncia por su gestión política. Para dejar constancia de ello, su gabinete de prensa en España, Sogues Comunicación, ha enviado a los periodistas del país un comunicado que lo relata con esta imagen, en la que se ve, además de una montaña de ropa, las cajas con el logotipo de la marca sueca.

En la nota de prensa se explica que esta acción responde a una campaña que la empresa puso en marcha en octubre a través de su página web. Pidió a sus consumidores la ropa interior usada y les preguntó qué podrían hacer con ella. Björn Borg (la marca, no el tenista) recibió 19.139 calzoncillos usados de todo el mundo con diversas peticiones acerca de su destino. De todas las solicitudes, la que recibió más apoyo fue la que proponía enviarlos al presidente de los Estados Unidos, George Bush.

Después de esta acción de marketing protesta, la marca sueca continúa recibiendo calzoncillos usados y preguntando a sus consumidores qué se les ocurre que podrían hacer con ellos. Cuando reúnan una nueva montaña de 20.000 calzoncillos, los enviarán de nuevo a cualquier otro punto del planeta en protesta a vete a saber qué.

Parece una iniciativa enrollada, contestataria y divertida. Pero, ¿cuál es su fin? ¿El marketing tiene ética? ¿Las empresas tienen ideología? Hace un par de semanas, me preguntaron hasta qué punto era importante la responsabilidad y la ética en las empresas, en referencia a este debate tan en boga sobre la responsabilidad social corporativa (RSC), todo lo que implica ser respetuoso con el medio, los derechos laborales, etc. ¿Basta con colaborar con una ONG o realizar un acto protesta como el de Björn Borg?

Tanto si es una moda como si no, lo cierto es que hoy las marcas deben cumplir con todos los estándares medioambientales y laborales para no defraudar al consumidor. Una cosa es que uno ponga en la lavadora una prenda y se le encoja o le destiña; otra es enterarse que la marca contamina ríos en China o tiene a trabajadores en régimen de semi esclavitud. Cada vez que a una marca se le acusa de ésto (sea cierto o no) sus ventas caen en picado. Ejemplos como los de Nike, Gap o H&M dan muestras de ello.

Por tanto, la RSC es estructural, debe ser inherente a la marca, a su gestión, producción y distribución, del mismo modo que lo es el diseño y la calidad. Cualquier otra fórmula es puro maquillaje. La pregunta es: ¿Es ético ostentar de la ética?

La empresa tiene un único e indiscutible objetivo que es vender, cada vez más y más caro. Entonces, ¿es ético que utilice acciones de protesta o solidaridad para potenciar sus campañas de marketing? ¿Es correcto que canalice una denuncia social o lleve a cabo una misión humanitaria para conseguir incrementar su cuenta de resultados? ¿Y aceptamos que lo comunique a bombo y platillo y se presente como el salvador de las causas perdidas?

En el caso concreto de Björn Borg, se ha utilizado el malestar que provoca la gestión política del presidente estadounidense. En el comunicado de prensa se incluye una declaración del vicepresidente y director de marketing de la marca sueca, Jimmy Johansson, en la que dice: “La elección del receptor de la ropa fue una decisión de los clientes, y ahora nos hemos asegurado completamente que toda la ropa ha sido entregada a George W. Bush”. ¿Buen rollito con los consumidores... o se están lavando las manos ante cualquier responsabilidad?

El caso es que con tal proeza, los calzoncillos suecos dicen mucho más ante las puertas de la Casa Blanca que en una campaña millonaria con modelo o celebridad de turno. No sólo son los del jugador de tenis mítico, sino que además son enrollados y rebeldes. Es el calzoncillo del progre guaperas, al que le gusta cuidarse y que además está por la causa ajena.

Si hay que admirar al capitalismo por algo es por la facilidad con la que se hace suyos los símbolos que lo censuran. El ejemplo más significativo es el del rosto del Che, que hoy es todo un logotipo, tan lucrativo como el de cualquier otra marca. El mismo sistema se encarga así de atender y solventar sus esquinas desatendidas, de remendar los bajos deshilachados. Y nos encontramos cada vez con más empresas que colaboran con ONGs y que nos motivan a comprar con el argumento de que estamos contribuyendo a una causa justa. ¿Es justo vender con las penas de los demás? ¿Es ético hacer de la ética la bandera de una marca comercial?

¿Es ética la moda?

Y puestos a rizar el rizo, pongo sobre la mesa la carta de la ética en la moda. Siguiendo con los calzoncillos Björn Born: por un lado, inundan las puertas de la Casa Blanca de ropa interior usada y dicen NO a la política de George W. Bush; por otro lado, llevan el nombre de un gran deportista y nos hablan de una vida y un cuerpo imposible, cuidado personal y seducción, llamando a las puertas de vanidad y la egolatría. Es decir, el metrosexual resulta que está comprometido con causas sociales. Por un lado: aspiraciones personales. Por otro lado: acciones protesta. ¿Convertimos las protestas en aspiraciones? ¿Forman parte de nuestra vanidad? ¿Y es ésto ético? ¿Contribuimos a un mundo mejor comprándonos unos Björn Borg? ¿Somos más guapos por ello?

De todos modos, el caso de los calzoncillos usados sería anecdótico si lo comparamos con las marcas de moda que producen en talleres que tienen a sus trabajadores en condiciones lamentables y luego visten a estrellas de Hollywood emanando manantiales de glamour y sofisticación. O las que subcontratan la producción a costes irrisorios en países pobres y luego nos piden que compremos ablandándonos el corazón y diciéndonos que colaboran con ONGs para paliar la pobreza en el Tercer Mundo.

Por último, ¿es ético un negocio que nos invita a ser y comportarnos de determinada manera? Recordemos que la moda no vende trapos sino identidades.

viernes, 9 de mayo de 2008

El vestido del súper héroe

Por fin alguien tenía que percatarse de los vínculos cómic-moda, de los vestidos de los súper héroes y de su influencia en las pasarelas. El Metropolitan de Nueva York se ha atrevido con ello en la exposición Superheroes: Fashion and Fantasy, financiada nada más y nada menos que por Giorgio Armani, el mismo que colgó del armario de la mujer ejecutiva de los 80 su look de superwoman.

Además, el fervor del cómic parece haber revivido en la gran pantalla gracias al éxito de taquilla que han cosechado algunas superproducciones. Sin ir más lejos, la pasión que el pasado fin de semana despertó el estreno mundial de Iron Man, ha motivado ya a los estudios Marvel a anunciar su secuela, además de nuevas películas con otros súper héroes en lista de espera: el Capitán América, Los Vengadores y Thor.

El súper héroe que salva al mundo, un personaje con poderes sobrehumanos capaz de hacer frente a cualquier villano que tenga la salvaje idea de destruir o esclavizar a la humanidad, no es de extrañar que naciese en la Segunda Guerra Mundial y se desarrollase en plena Guerra Fría, épocas en las que el mundo se dividió entre buenos y malos. Hoy, que continuamos en las andadas, el súper héroe vive otra época dorada.

Si algo les caracteriza es, en primer lugar, sus súper poderes, y en segundo lugar, su traje. Sin el traje adecuado, el súper héroe no puede salir de su casa y mucho menos salvar la humanidad de una manera digna. Suerte tuvieron que los conociéramos en nuestra infancia y no nos costase aceptar a un tipo con mallas, en ocasiones con capa y otras con antifaz. Casi era más sorprendente que volase o echase telarañas por las muñecas.

En fin, en la vida real, sus trajes no han pasado de moda carnavalera. Aunque no estaría de más observar las caras de pasmo en el metro, la oficina y el menú si mañana una se pasease por ahí de Catwoman, con sus caderas latinas y las gafas de pasta. ¡Peores cosas se ven!

El caso es que en más de una ocasión ha habido un diseñador que ha decidido inspirar su colección de temporada en algún súper héroe. La de los 80 fue una de las etapas en que más estrecharon los lazos ambos mundos, tanto por la oleada transgresora que invadió la década, como por el fervor al body building: la pasión por el gimnasio, el aeróbic y el footing, las ganas de un cuerpo perfecto, moldeado, musculoso... dieron pie a la ropa ajustada, elástica, maleable. En definitiva, lo que acabamos interpretando en mallas de ciclista y t-shirt con hombreras. Ahí es nada. ¡Vaya súper héroes!

La exposición del Met reúne unos 60 estilismos, con vestidos de pasarela, trajes utilizados en películas y prendas deportivas muy técnicas que narran cómo el estilo de los héroes del cómic se ha ido colando en nuestras vidas. Están el traje que Bernhard Wilheim presentó hace un par de años inspirado en Superman, el bustier con manillar y retrovisores de Thierry Mugler, los leggins metálicos articulados de Balenciaga, un traje de Gaultier que imita una segunda piel, etc. A la hora de seleccionar, no se han quedado cortos, porque encontramos otros grandes hits en la materia, de mano de Galliano, McQueen o Pierre Cardin, entre muchos otros.

Sin duda invita a una reflexión interesante sobre el papel de la cultura del súper héroe y su adaptación a nuestra cotidianidad, su proyección en nuestros anhelos e identidades, ya sea desde un punto de vista funcional, estético o irónico. Es además un nuevo paso en el estudio de los vínculos que establece la moda con el arte, la literatura, el cine y la sociedad. Y es que del mismo modo que la moda toma referentes de personajes de libros o películas míticas, ¿por qué no iba a hacerlo con los del cómic?